Críticas(8)
PAINT IT RED · #ELESLABÓNPODRIDO
CINEMASONOR El LADO B del cine - Publicado: 27/Jun/2016
Por: Mercedes Orden
El Eslabón Podrido es la historia de un pueblito –El Escondido– donde viven alrededor de treinta habitantes. Uno de ellos es Raulo (Luis Ziembrowski), leñador con un retraso mental, que va de casa en casa -gracias a un mapa hecho con dibujos al estilo Billiken– llevando madera en una carretilla. Junto a él viven Ercilia (Marilú Marini), su madre de a ratos consciente y de a ratos senil, y Roberta (Paula Brasca), su hermana. El lazo entre los tres es bastante endogámico y particular, aunque no hay nada que no lo sea en este lugar.
Los días parecen transcurrir todos más o menos iguales, con sus costumbres, su música, sus misas. En la comunidad cada uno tiene su característica original: el cura, el ferretero, la peluquera, la dueña del bar, los músicos, la pareja que pelea, la señora que se prostituye, su marido, el que tiene un fetiche con las ovejas, la pareja de viejitos, son algunos de los ejemplos de quienes viven en este sitio del cual ninguno de ellos podría escapar.
El rol de Roberta es el de prostituta del bar, donde ya se ha acostado con todos los escondidenses, excepto con uno. Su madre le prohíbe acercarse a él ya que le asegura que si lo hace, morirá. Pero el hombre no se conforma con un simple “mi mamá no me deja” e intenta que la joven ceda a eso, incluso cuando todo pueda desembocar en algo sangriento y fatal.



Hay que ser bastante guapo como para ir al cine a ver este largometraje, pero no hay dudas de que vale la pena intentarlo. La historia de la vida en este pueblo nos lleva de la risa al terror. Obliga a taparse los ojos de la impresión y un momento después, a reír a carcajadas, puesto que todo lo que ocurre parece ser excesivo y, a su vez, necesario para lo que la película es.
Valentín Javier Diment (La memoria del muerto) nos acerca una nueva oportunidad para ver excesos de movimientos de cámara bruscos y planos picados, que mantienen la atención constante del espectador. Luis Ziembrowski y Lola Berthet – vuelven a ser parte de este reparto, el cual cuenta con la trayectoria necesaria para transmitir, de un modo adecuado, las situaciones anómalas que se van desencadenando.
A partir de apelar a la locura y la violencia como temas, Diment hace de El Eslabón Podrido un ejemplo más de que en Argentina se puede hacer cine de terror de calidad, con una técnica que acompaña y no resta, y donde lo destacable es la originalidad que se le encuentra al propio punto de vista.
Posteado: 27/Jun/2016 - 9:17 pm

"El eslabón podrido", un drama rural que revela la violencia en torno a la explotación sexual
Telam - Publicado: 15/Jun/2016
VALENTÍN JAVIER DIMENT ES EL DIRECTOR Y UNO DE LOS ACTORES DE UN INQUIETANTE FILM PROTAGONIZADO POR LUIS ZIEMBROWSKI, MARILÚ MARINI Y PAULA BRASCA, QUE SE ESTRENA ESTE JUEVES Y REVELA LOS SECRETOS QUE ENVUELVEN A UN PUEBLO PERDIDO EN LO RECÓNDITO DE BU
La película revela los secretos que envuelven a un pueblo perdido en lo recóndito de la provincia de Buenos Aires, donde un día se rompe violentamente el régimen de abuso y explotación sexual en que se basaba la vida más o menos pacífica del lugar.



Premiada en los recientes festivales fantásticos de Sitges, Bilbao y Porto Alegre, la nueva película del autor de "La memoria del muerto" transita el camino grotesco y truculento de ciertos cuentos de moralejas, generando a medida que avanza un clima de angustia y podredumbre humana, extraña y ominosa, que se va espesando hasta llevar al relato y a los personajes a una explosión de sangre y asesinatos.

Diment, que en el filme interpreta a un cura, traza un paralelo entre la vida en ese pequeño pueblo olvidado y la sociedad capitalista, donde muchas veces los abusos son moneda de cambio: "A mí me interesa el tema del abuso y la trata es una de sus formas, al igual que el hecho de manipular y menospreciar a un joven por el sólo hecho de ser bobo. Hay algo del abuso que está en el eje de la historia".

"El problema es que cada uno se relaciona con la condición del otro, en lugar de hacerlo con la persona. Es decir, no ven a la persona que hay detrás de un bobo o de una joven obligada a prostituirse. Eso permite el entramado de abusos que es la sociedad capitalista. Y me parecía interesante ver cómo ese entramado le sirve a quienes detentan el poder", afirmó a Télam el cineasta.

Diment precisó que ese poder lo logran los poderosos "a través del lenguaje, con su discurso, su capacidad para generar estrategias y planes, mientras que en el otro extremo está el bobo que no tiene acceso a la razón. Como los poderosos acentúan esa ignorancia irracional, los que no pudieron acceder a la razón explotan de la forma menos pensada. Es ese abuso el que produce una respuesta inexplicable y bestial".

Así se refiere Diment al tremendo desenlace de "El eslabón podrido", una verdadera orgía de sangre y muerte, que explota a raíz del sufrimiento que la decadencia e hipocresía de los vecinos genera en los miembros de una familia endogámica: Raulo (Ziembrowski), leñador, retrasado mental, de unos 50 años; Ercilia, su madre (Marini), una curandera senil; y su hermana Roberta (Brasca), la prostituta joven y favorita del pueblo.

"Hay un punto donde esta película tiene mucho de drama rural o de una especie de cuento para adultos donde el terror se desprende del cuento y no de la búsqueda de generar situaciones efectistas propias del género. Lo primero que surge como intención es la necesidad de contar esa familia tan particular y endogámica, con una madre potentísima y dos hermanos que son entre ellos su único refugio", explicó Diment, que incluyó a Germán de Silva, Susana Pampín, Luis Aranosky, Lola Berthet y Sergio Boris en su elenco.

El director señaló que "dentro de un pueblo aislado esa familia también está aislada, es un sistema de células donde se reproducen los movimientos de aislamiento. Eso me permitía contar situaciones de misterio, tener que ir develando situaciones extrañas, y me llevaba con un pulso firme a un desenlace extraño. Es una historia de venganza que plantea un conflicto moral y ético en el espectador".

Lo que más le interesaba a Diment era hacer pasar al público "por una gran variedad de arcos emotivos. Cada escena esconde algo detrás, pasando por distintas texturas emotivas, desde una ternura muy grande hasta situaciones muy truculentas. Y atrás de lo truculento hay una vida. Dejarlo de lado es poco inteligente, porque como la vida misma todo -incluyendo a lo truculento- está mezclado dentro de las personas".

En el cuarto largometraje del director, el eslabón podrido de esta comunidad -el lugar por donde la cadena se corta inesperadamente- es la hermana de Raulo, la joven y bella prostituta deseada por todos, que se rebela contra el sistema imperante y lo resquebraja hasta hacerlo explotar en mil pedazos, justamente cuando por consejo de su madre moribunda decide no acostarse con uno de los habitantes del pueblo.

"Si vos no entrás al clima y al pequeño mundo que propone cada situación te quedarías afuera de algunas cosas. La idea es proponer al espectador una invitación a ese mundo y contar la intimidad enrarecida de los habitantes de este pueblo.

Hay una intimidad cotidiana y vital, y lo importante es que entremos a ella porque detrás de ella entraremos a la verdadera historia", señaló el autor de este filme sobre secretos, abusos y venganza.

En relación a su actuación como un cura, Diment -que ya había interpretado otros papeles en películas suyas y en las de otros directores- sostuvo que "no era mi intención de entrada, tenía otro actor previsto, pero tuve muchas complicaciones de producción y llegado el punto, sobre la hora, recurrí a la posibilidad de hacerlo yo, porque me permitía ahorrar mucho dinero también".

"Si bien no tengo muchos recursos actorales, creo que mi cara funcionaba bien para el personaje, por lo cual me animé a hacerlo. Me divertí, aunque fue un poco inconsciente, un poco jugando. Además, me dieron una mano un par de directores en la previa para armar una base del personaje y no tener que ir buscándolo durante el rodaje", reveló.
Posteado: 27/Jun/2016 - 5:18 pm

Una fábula erótica y pesadillesca
Revista XXIII - Publicado: 17/Jun/2016
Por: Amadeo Lukas
El eslabón podrido
 Dirección: Valentín Javier Diment. Con Luis Ziembrowski, Marilú Marini y Paula Brasca. 74’
El cineasta Javier Diment aborda el terror cinematográfico con muy buenas ideas y despojado de complejos y escrúpulos. Lo demostró en su contundente ópera prima La memoria del muerto (2011), donde una –en apariencia– sufrida viuda organiza un sangriento ritual para vengar y resucitar a su difunto esposo. Y lo confirma en El eslabón podrido, nueva apuesta en un género que convoca numerosos seguidores en el país, como lo demuestra el Festival de Cine Inusual y la masiva asistencia a la proyección del film en el último Bafici. En El Escondido, un hipotético pueblito bonaerense perdido, acontece esta suerte de fábula erótica y pesadillesca en la que una prostituta joven, bella y acosada por los hombres del pueblo, debe enfrentar una maldición si se entrega a uno en especial. La leyenda dice que una tragedia se desencadenará y la masacre puede venir de la mano de quien menos todos se imaginan. El segmento final contiene todos los ingredientes necesarios para ofrecer un plato fuerte, truculento y sustancioso, con bizarros toques de humor. Con la participación de la gran actriz Marilú Marini y una estupenda caracterización de Luis Ziembrowski, el elenco se muestra convincente, especialmente Paula Brasca, quien lleva adelante un duro rol con soltura y carisma.
Posteado: 27/Jun/2016 - 5:07 pm

Jugando entre lo trágico y lo sádico
Página 12 - Publicado: 17/Jun/2016
Por: Juan Pablo Cinelli
La historia imaginada por Diment y su equipo de guionistas bien podría ser una leyenda del siglo XIX, contemporánea del surgimiento de la literatura gauchesca, de la generación del 80 y, por lo tanto, de la fundación de la Argentina moderna.
Si a priori el título del tercer trabajo como director de Valentín Javier Diment –los anteriores fueron el documental Parapolicial negro, apuntes para una prehistoria de la Triple A (2010) y La memoria del muerto (2012)– puede sonar feo al oído, como si lo hubiera elegido un cineasta amateur o se tratara del nombre de un cuento de terror publicado en una revista literaria barrial, lo cierto es que El eslabón podrido le calza perfecto al tipo de historia que la película cuenta. Una película que juega entre lo trágico, lo sádico y el humor, aprovechando el formato del relato rural. Porque lo que en ella se cuenta está muy cerca, en tono y contenido, de esas leyendas de campo que alimentan el acervo de las mitologías populares de tierra adentro. En consonancia con esa idea, y aunque muchos detalles dejan claro que los hechos narrados transcurren en un tiempo más o menos actual, la historia imaginada por Diment y su equipo de guionistas bien podría ser una leyenda del siglo XIX, contemporánea del surgimiento de la literatura gauchesca, de la generación del 80 y, por lo tanto, de la fundación de la Argentina moderna.
Precisamente hay algo en ese cuento de pago chico, en el orden que rige el pueblo donde transcurre la historia, que de algún modo cifra el tipo de sociedad sobre la que se construyó aquel (este) país. Un pueblo cuyos hilos son movidos por el cura y los dueños de la cantina, punto de encuentro que durante los días laborables es una fonda, pero que los fines de semana se transforma en burdel. Un pueblo de casas dispersas, con un intendente que no pincha ni corta y cuyos pocos habitantes caben sin amontonarse en la pequeña iglesia del lugar. En ese pueblo vive Raulo, un hombre con un importante retraso mental que trabaja como leñador y que todas las mañanas con su carrito reparte, casa por casa, la madera que los vecinos necesitan para el fuego. No es casual que Raulo parezca un personaje sacado de un cuento de Horacio Quiroga. Hay algo en él, a pesar de su inocencia y de la pena que provoca, que también produce recelo y lo rodea con un halo de peligro, algo que el más argentino de los escritores uruguayos ya había hecho con pulso extraordinario en su conocido cuento “La gallina degollada”. Raulo además es hijo de Ercilia, la curandera, y hermano de Roberta, la prostituta joven del pueblito, que por consejo de su madre se ha acostado con todos los hombres, menos con uno.
Como Quiroga, el director tiene un gran sentido del morbo y se vale de él para construir el clima opresivo de la primera mitad de la película. Pero a diferencia del escritor, Diment también maneja muy bien el humor asociado al morbo, y lo utiliza para provocar pequeñas disrupciones que aligeran el relato sin debilitarlo. No es casual haber señalado que El eslabón podrido juega entre lo trágico y lo sádico, afirmación en la que debe subrayarse el verbo jugar. Porque una vez que la figura de la madre desaparece y su mandato (ese consejo que también es una maldición) se rompe, el relato pasa de la represión a la acción, y a partir de ahí el director se permite hacer un uso lúdico de la violencia. Así, el final no sólo es liberador porque las fuerzas sometidas se desatan, sino porque Diment da inicio a una orgía de escenas truculentas, tanto en lo sexual como en el uso desenfrenado del gore, que por un rato permite pensar que El eslabón podrido es la primera película de exploitation rural. Pero enseguida vienen a la memoria la figura de Armando Bo y algunos de sus trabajos con Isabel Sarli, y entonces queda claro que es en la confluencia de esa filmografía con los cuentos más negros de Quiroga, donde se encuentra la genealogía de este eslabón podrido.
Posteado: 27/Jun/2016 - 4:56 pm

El eslabón podrido, por Romina Quevedo
Hacerse La Crítica - Publicado: 15/Jun/2016
Por: Romina Quevedo
La ruptura de un eslabón deriva en muerte, hecho siniestro que recibe al espectador pintando el universo fílmico en el que este se adentrará: un cuento de hadas de tintes trágicos; dionisíaco en lo semántico, apolíneo en lo sintagmático.
La escena inicial corresponde al final de la historia. La tragedia muestra una inevitabilidad que a primera vista parece el acto de la divina casualidad, y tienta al espectador a encontrar una explicación en un flashback sosegado que describe las reglas que rigen ese universo. Pero al viajar en el tiempo del relato se revela que las reglas no responden al orden normativo moral, sino al de la reflexión ética, donde la vida se manifiesta en claves salvajes.
En medio de un bosque espeso se ubica el pequeño pueblito llamado “El escondido”. El nombre del pueblo dibuja el límite que se impone dentro de esa comunidad aislada, endogámica, donde la moral se ha herrumbrado en medio de la neblina del lugar, y donde sus moradores desparraman pasiones perversas hasta la locura. De esa forma dicho nombre actúa, a su vez, ironizando sobre la conciencia de sus habitantes, librados de tapujos que los lleven a esconder sus “bajos” deseos. El desenfreno de las pasiones profesa la animalidad que es puesta en escena constantemente, siendo remarcada por los sonidos del bosque: pájaros, abejas, el crujir de las hojas…; todos suenan ávidamente en primeros planos sonoros. Un bosque tupido los aísla, brindando un ambiente fatal ineludible que se construye en un plano agorero tras otro. Esa cerca delimitada por troncos hace del contexto algo inclemente, donde no hay espacio para los colores, estando estos condenados a las gamas terrosas y grises; donde el agua deja de ser cristalina y detiene su fluir, porque solo puede reflejar putrefacción. Esa sobriedad pesadillesca se engalana al morir la madre, representante del superyó, de la prohibición del incesto; autoridad devenida en leyenda. Luego de la muerte y la violación llega la electricidad, y con ella el color. A menor resistencia a la perversión, más color, más vitalidad en la pantalla. Como en el aria de La traviata, la vida se duplica en el placer.

La delicadeza en la composición del cuadro y el encuadre hacen que cada imagen contraponga su belleza al “horror” retratado, y las comillas se deben a que el mismo está retratado, además, con naturalidad. La cámara no se muestra renuente ante lo que captura, sino que se mantiene impávida, sin emitir juicios de valor condenatorios, porque en esa comunidad cerrada la moral se ha modificado o, si se quiere, se ha anulado la moral antigua reemplazándola por una nueva. De esta forma, las depravaciones son absueltas por la belleza de las formas que las enmarcan. Lo apolíneo en la forma agracia indulgentemente a lo dionisíaco del tema a mostrar. Gracias a ese manejo de los recursos narrativos ontológicamente trágicos, adaptados simbióticamente a los medios cinematográficos, la obra se recibe con satisfacción, a partir del momento en que la realidad decorosa se suspende y permite el ensimismamiento de perderse en la pantalla con libertad.
Esto es posible porque la película trabaja como una narración arquetípica del inconsciente y sus pulsiones dado que no se define el tiempo y el espacio, siendo esta indefinición la forma fílmica del “érase una vez”. Refugiada de la temporalidad, se interna en el bosque, locación por excelencia del cuento de hadas, donde habitan las bestias salvajes, donde el terreno se vuelve peligroso. El cuento de hadas proyecta el contenido del inconsciente colectivo, ese sedimento universal que escapa a la razón, y la fantasía es la encargada de satisfacer los deseos reivindicando la realidad. Ahí radica la importancia de este cuento de hadas que es El eslabón podrido: dentro de esa atmósfera brumosa, las situaciones maravillosas se escapan de la búsqueda racional, abandonándose a situaciones extrañas, donde una madre es, a la vez, bruja y oráculo, dando como resultado un misticismo aplicado a la casualidad erigida como entidad divina, que tiene al misterio como compañero fiel.

El happy ending del género literario también se ha trastocado. La algarabía no forma parte del conjunto. La escena del cumpleaños del protagonista es la que amaga con brindar la placidez de la alegría, no obstante, no existe la posibilidad del clima festivo. El ataque de la madre ahoga el festejo con la fatalidad, y el regalo de cumpleaños presupone el fin: guantes de un rojo premonitorio que contrasta con los tonos apagados, estáticos, de la tierra y el polvo. Pero la muerte no llega como castigo divino a las perversiones desatadas, sino como la última satisfacción de la pulsión de destrucción; liberación definitiva, redención catártica, verdadero final feliz.
El eslabón podrido (Argentina; 2015), de Valentín Javier Diment, c/Marilú Marini, Luis Ziembrowski, Paula Brasca, Luis Aranosky, Lola Berthet, 71’.
Posteado: 27/Jun/2016 - 4:54 pm

Cine: El eslabon podrido
El Caleidoscopio de Lucy - Publicado: 16/Jun/2016
Por: Daniel Gaguine
Las historias de los pueblos tienen esas particularidades que pueden extenderse más allá de la imaginación. En el caso de “El eslabón podrido”, la nueva película de Valentín Diment, juega con estas cuestiones y las extiende a un mix que va desde el terror al costumbrismo pasando por la tensión de un guión que, cuando parece caer, resurge con nuevos bríos.

La historia se desarrolla en El Escondido, un pueblo en el que vive Ercilia, la curandera que, por su ancianidad, empieza a tambalear frente a un estado senil que se aproxima. Es una anciana que ha visto todo –y más- de una vida que le ha dado a dos hijos, Raulo, que cuenta con cierto retraso, y Roberta, que es la prostituta del pueblo. Todos tienen conocimiento de esta situación, hasta el párroco del mismo.
A partir de estas observaciones, es donde el guión apunta a varias direcciones. Esas verdades que se saben pero que no se dicen y la forma en que se oculta la basura debajo de la alfombra, aunque –supuestamente- siempre se mantienen algunos “códigos” para llevar todo a cabo. Frases que calan hondo para el desarrollo de la película como aquella que le espeta Ercilia a Roberta con respecto a acostarse con todos los hombres del pueblo o el diálogo de la curandera con Luz, la “patrona” de Roberta en su “trabajo”.

Si bien en su comienzo prima un ritmo lento, en tanto se busca ingresar en la dinámica de la vida campestre, la película es dinámica y atrapante. Más aún cuando tiene tres partes bien definidas con respecto a su desarrollo extremo y cambiante. Cada uno de los personajes es tan rico que se podría hacer un recorrido a través de cada uno de ellos, inclusive de los secundarios como el cura del pueblo o Luz. Las situaciones sugeridas en varias circunstancias dan cuenta de un rico y arriesgado guión. En cada momento puede abrirse la puerta hacia debates varios tal como puede ser la homilía del cura o el sexo desenfrenado.

Cada una de las tres partes mencionadas, contará con momentos de quiebre en medio de un clima de tensión absoluta, palpable en la atmósfera de un pueblo que tiene muchos secretos escondidos entre sus habitantes. Estos serán la causa fundamental del desenlace de un film que combinará violencia, sexo y costumbres campestres pero sin perder nunca el detalle que es un cuento, y como tal, se lo relata.

La mirada del espectador oscilará entre los hermanos y las vicisitudes que deben pasar pero será fundamental la participación de Ercilia que se debatirá entre la demencia y una claridad rayana a la sabiduría más preciada. La escena bisagra del cumpleaños de Raulo es sublime y tiene a los tres protagonistas en perfecta sintonía.
Con un elenco de primer nivel, se destacan Marilú Marini y Luis Ziembrowski. Marini da una clase magistral de actuación con una Ercilia inquietante y de una fuerte intensidad. En cambio, Ziembrowski da vida a un Raulo de pocas palabras, que mantiene esa relación pendular y atrapante que despierta ternura y miedo en porciones similares. Párrafo aparte para Paula Brasca y una Roberta exacta en cada una de las situaciones que le toca vivir

Intrigante e inclasificable  y con actuaciones de gran prestancia, “El eslabón podrido” es atrapante y permite disfrutar de un cine que no suele realizarse por estas latitudes.

Ficha técnica

Dirección y producción: Valentín Javier Diment. Guión: Valentín Javier Diment, Sebastián Cortés, Martín Blousson y Germán Val. Fotografía: Fernando Marticorena. Edición: Martín Blousson. Dirección de Arte: Sandra Iurcovich. Sonido: Sebastián Gonzalez. Música: Sebastián Díaz. Producción Ejecutiva: Daniel Botti y Vanesa Pagani. Con Luis Ziembrowski, Marilú Marini, Paula Brasca, Sergio Boris, Susana Pampin, Lola Berthet. Año: 2015. Formato: DCP. Color. Duración: 74 minutos. País: Argentina.

Cines Gaumont, Village Caballito, Cinemark Puerto Madero, 
Posteado: 27/Jun/2016 - 4:46 pm

El eslabón podrido: La rebelde
Cine Freaks - Publicado: 15/Jun/2016
Por: Pablo Arahuete
El eslabón podrido (2015) se sumerge en un in crecendo dramático, se va corriendo y escapando del eje que podría encasillarla en lo tradicional para encontrar desde la propia apuesta de su director Javier Diment sus propios caminos, porque siempre queda claro cuál es la búsqueda y las formas de llegar.

Ya desde el título se puede jugar un poco con esta idea de una cadena, con aquello que une cada uno de los eslabones y entonces, la palabra podrido requiere otro cuidado en la mirada. Podrido es lo que emerge, tal vez lo defectuoso, lo anómalo, lo diferente o cuantos significados alcancen para diferenciarlo de un status quo, de una necesidad de orden y normalidad que estanca el espíritu. Y no por ello menos importante la idea de circunscribir que ese defectuoso eslabón de la cadena se encuentra en un espacio al que se denomina Escondido.
La geografía de Escondido, en lugar de definir un espacio geográfico opera las veces de espacio simbólico, porque en definitiva lo que está escondido es lo

oculto, lo tapado, tal vez por la cultura o el prejuicio. Y si hablamos de oculto aparece el miedo y desde allí cualquier justificación de la violencia para acaparar con esos fantasmas, para generar en el que los padece un halo de confort o falsa estabilidad.
Impredecible y a la vez mutante entre lo grotesco, el costumbrismo y el cuento truculento, el segundo opus de Javier Diment (La memoria del muerto -2011-) cuenta con un elenco de primera, donde la increíble performance de Marilú Marini dota a la propuesta de una fuerza e intensidad admirable.
No se queda atrás Luis Ziembrowski en un personaje muy bien escrito, con muchos tics imperceptibles. Es difícil encontrar una película donde todos los personajes cumplen una función y tienen carnadura, conflicto y por sobre todas las cosas sentido dentro de la narración que sabe utilizar los espacios y los códigos del género de forma pausada e inteligente.

Título: El eslabón podrido
Director: Javier Diment
Intérpretes: Luis Ziembrowski, Marilú Marini, Paula Brasca, Germán De Silva, Susana Pampín, Marta Haller, Javier Diment, Luis Aranosky, Lola Berthet
Calificación: Apta para mayores de 16 años
Género: Drama, Comedia, Gore, Terror
Duración: 74 minutos
Origen: Argentina
Año de realización: 2015
Fecha de estreno: 16/06/2016
Distribuidora: Independiente
Puntaje 8 (ocho)
Posteado: 27/Jun/2016 - 4:41 pm

Amor, locura y muerte
Almas Oscuras - Publicado: 15/Jun/2016
Por: Nuria Silva
En El Escondido, un pequeño pueblo, perdido y olvidado en algún lugar del interior de la Argentina, vive Raulo (Luis Ziembrowski), un leñador con retraso mental, de aproximadamente cincuenta años. Comparte la casa con su anciana madre, Ercilia (Marilú Marini), y su bellísima hermana, Roberta (Paula Brasca), varios años menor. Pocos son los demás habitantes de este lugar. Cada uno de ellos tiene un rol definido que resulta funcional a la lógica hermética de la sociedad que conforman. Pero antes incluso de presentar a estos tres personajes principales y el mundo que los rodea, la película comienza desde el final, estableciendo lo que sigue como un gran flashback esclarecedor.

A modo de prólogo, primero vemos escondida tras las ramas de algunos árboles una Iglesia, que inmediatamente queda tapada por un enorme y pesado cartel de madera, que reza: “Bienvenidos a El Escondido”. A pocos metros, una ínfima cantidad de vecinos escucha atentamente al párroco del lugar, Aarón (Valentín Javier Diment), que les anuncia la posible apertura comercial del pueblo. Su discurso lejos de estar enfocado en la fe se asienta fuertemente sobre los principios del liberalismo económico. El tono de su voz y su semblante también. En ese momento, y como si estuviera en trance, Roberta irrumpe en la escena atacando a dos de las mujeres presentes, muriendo a los pocos segundos desnucada de forma abrupta por el cartel que se desprende debido a la pudrición de uno de los eslabones que lo sostiene.

En El Escondido, como bien indica su nombre, hay un adentro y un afuera, realidades y caretas, y también muchos secretos que no lo son. Nada de lo oculto permanece ajeno. Todos saben qué papel cumple cada uno, y esto, claro, según el horario y la circunstancia. En la densidad de la noche surgen las verdades y las miserias que a la luz del día se disfrazan de espuria amabilidad. La fotografía predominantemente sepia de las escenas diurnas, en las nocturnas muta a detalles de color intensos que resaltan en la negrura general. El adentro común a todos es el prostíbulo de mala muerte, donde casi todos los pueblerinos gozan de la joven Roberta que también ha sabido asumir su lugar. Pero, como lo anticipa la presentación de la película, la sangre empieza a correr cuando esa inherente oscuridad cobra vida bajo la luz del sol y se manifiesta impiadosa sobre ellos. Es la apertura (como revelación) de lo escondido lo que desata el caos.

La abstracción espacial y los arquetípicos personajes empiezan a convertirse en símbolos más amplios y menos categóricos de una realidad que supera (y con creces) la ficción. Lo que organiza esta microsociedad es ese poder superior al que nunca veremos de frente, ni siquiera en el papel de Aarón, tan preso de sus redes como los demás. A decir verdad, no hay víctimas ni victimarios absolutos, todos los personajes son pobres diablos condenados a muerte. Lo terrible es reconocer en ello la condición humana. La experiencia que propone El eslabón podrido es la de la paranoia infundida por las instituciones dominantes que, a través de la represión y el eretismo, consolida el funcionamiento capitalista.

Oprimir las pulsiones más esenciales del ser humano, que van desde el alimento hasta el sexo, permite transformarlo en un consumidor desmedido que encuentra en el mercado (legal e ilegal) lo que le fue usurpado, y de esa forma, mediante el corrimiento de lo natural todo se vuelve perverso. La violencia latente se materializa recién sobre el final, que estalla mediante un gore sin sentido que es, a su vez, el producto catártico de aquellos esquemas que buscan tener todo bajo control. La carnicería se desata por el lado más primitivo, salvaje e indómito, que encarna la familia de Raulo, Ercilia y Roberta; ellos son el eslabón podrido que quiebra la cadena de consumo, y será Raulo, el más inocente, y por esto inadaptado, del trío quien pueda cortar el mal de raíz. La masacre en la que deriva la historia se torna un acto vital, enérgico, de carácter anárquico y necesario para terminar con casi una hora de tensión permanente, perversiones y sadismos varios que apelan a la incomodidad del espectador, al que además se le ha arrebatado el salvavidas de la identificación. El escondido es tierra de nadie.

Confeso amante de las películas de George Romero y John Carpenter, así también como del cine de Leonardo Favio y de la literatura de Horacio Quiroga, Valentín Diment es el director de género del panorama argentino presente que —además de evidenciar una notable maduración estilística y narrativa entre el melodrama gore sobrenatural La memoria del muerto, y el drama familiar rural devenido slasher, El eslabón podrido— ha demostrado la seria intención de revivir la cualidad política del cine de terror. Los autores mencionados no son mero capricho; el cine de Diment (y expandiría esta lectura a su faceta como documentalista) es un combo cada vez mejor nivelado entre la espectacularidad del cine de género y un fuerte anclaje idiosincrático, tanto a nivel espacial como narrativo. Por esto es que los universos cerrados que construye (en sus ficciones) o exhibe (en sus documentales) se vuelven no sólo creíbles en sí mismos sino también el sello de una mirada particular (y probablemente desencantada) del mundo y sus funcionamientos.
Posteado: 27/Jun/2016 - 4:35 pm