Entrevistas(4)
Entrevista a Javier Diment “Hay mucho atrás de la truculencia”
Climax - Publicado: 01/Jun/2016
Javier Diment presenta “El eslabon podrido”, con Luis Ziembrowski y Marilu Marini
Por: Fermín De La Serna
¿Porque la necesidad de contar una historia tan “Podrida”?

No la veo como una historia “podrida”. Es fuerte y se mete con cosas incómodas, pero hay mucho atrás de la truculencia. De hecho eso forma parte del corazón de la historia, poder ver, en presencia de lo truculento, emociones, afectos, dolores y motivaciones tan comprensibles y asimilables como las de cualquier entuerto, por civilizado que sea. En ese punto, es una historia de amor. De gente que se ama, como puede, y gente que usa a los otros sin importarle a quién pueden estar jodiendo. Como la vida misma.
¿Cuáles son las referencias que tenías en la cabeza cuando armabas la historia?

Desde que pinto la idea por primera vez, hasta que se convirtió en un proyecto, y después en película, pasaron más de diez años. A lo largo de ese tiempo hubo distintas referencias. Las películas exploitation japonesas de los 70, tipo Kozure Okami, Zatoichi, esas cosas, donde se mezclaba el medioevo con personajes solitarios, con una impronta pictórica muy fuerte de los paisajes; cierto cine ruso, mezclando Badalanov con paisajes más marrones y aislados por nieve y montañas; Horacio Quiroga, Bashevis Singer, Totem y Tabú, yo que se, cada cosa que te cruzas mientras estás pensando una película parece hablarte de lo que estás haciendo.

Luis Ziembrowski calza perfecto con el personaje ¿Fue escrito para él?

Si, desde el vamos el personaje se me armó con él actuándolo

Trailer








¿Qué fue lo más complejo de realizar?
Todo. Pero de cosas puntuales, me acuerdo que fue muy complejo pensar un efecto que nos llevó muchísimo, con Ale Soler que hizo los fx de post y que los planteaba desde el rodaje mismo, y finalmente cuando ya lo teníamos preparado me di cuenta de que no daba, que erra un error en la historia, y no lo hicimos; u otro, el del accidente de la primer escena, que era complejísimo y lo sacó Ale con Blousson, el asistente de dirección, y Sandra Iurcovich y la gente de arte con mucha facilidad; me acuerdo que me asombró que salga tan liso. Claro, tan liso para mí que estaba en otra cosa, ellos la parieron…

¿Cuál consideras que es el público que va ir a ver la película?

Ni idea, pero los que la van a disfrutar son los que se copen en dejarse llevar por un cuento, por una historia que les sucedió a unos personajes verdaderos, y logran ir transitando el amplio abanico de estados y emociones que esa historia les propone.
Posteado: 27/Jun/2016 - 5:13 pm

El eslabón está realmente podrido
La Izquierda Diario - Publicado: 24/Jun/2016
Por: Celina Demarchi
Una entrevista al realizador Valentín Javier Diment, a propósito de su último estreno de ficción "El eslabón podrido"
El eslabón podrido es una película de terror, muy buena y muy fuerte. ¿Cómo elegiste el guión? ¿En qué te inspiraste y por qué el nombre?

El guión surgió, como tantas otras cosas, de una charla entre amigos. Sebastián Cortés, coguionista (junto con Martín Blousson y Germán Val) de la película, había vuelto de un viaje a Córdoba. Y me contó que estuvo en un pueblito de unas pocas casas sueltas, medio siniestro. Y ahí empezamos a delirar con una historia, y surgió inmediatamente la figura del leñador débil mental que va de casa en casa, y que lo interpretaría Ziembrowsky, etcétera. Desarrollamos el argumento y ahí quedó.

Unos años después, cuando terminé La memoria del muerto, a la hora de decidir cómo seguir, recordé ese argumento. Y me volvió a interesar aunque por motivos diferentes: cuando recién lo pensamos el acento estaba puesto sobre todo en el terror, el gore. Y cuando lo volví a agarrar, encontré que al margen de eso, me daba la posibilidad de reflexionar sobre un amplio abanico de temáticas que me resultaban muy interesantes: el abuso, el dolor, algunas dinámicas de la explotación, los límites a esas cosas y las explosiones que pueden provocar, etcétera.

Así que nos volvimos a juntar con Sebastián y lo reescribimos. El título era otro. Pero después recuperé un título que 30 años atrás me había sugerido Mariano Fiszman, escritor y amigo, para un cortometraje que nunca terminé. Y acá le funcionaba muy bien, porque en vez de cerrar, abre sentidos, y eso me encanta.


En El eslabón podrido hay un clima asfixiante, de encierro. Recuerda a Horacio Quiroga

Sí, Horacio Quiroga está muy presente. Me gusta mucho su obra y su personalidad. Y esa extraña coincidencia en una misma persona que es quien escribió los cuentos más oscuramente políticos de la Argentina y, a su vez, es el mas leído por los chicos de la escuela primaria (bah, no sé ahora, pero cuando yo era chico los cuentos de la selva y los de amor, locura y muerte fueron de mis primeras lecturas). En cierto aspecto es nuestro Hans Christian Andersen. Pero anarcosindicalista y de tierra adentro. Un grande de verdad.

El cine de género está creciendo en Argentina. ¿Quiénes fueron y son tus influencias?

Sí, el cine de género está creciendo mucho acá. Eso es muy bueno para el cine, y para la necesidad del cine argentino de llegar al público. Creo que el cine de género tiene presente al público, mucho más que lo que podríamos llamar cine de autor o de ensayo, que es más elitista (no en un sentido peyorativo, para nada, solo que es accesible por un público más especializado).

Y mis influencias son muchas y de lo más diversas, me gusta todo el cine la verdad, me gusta Carpenter y Buñuel, Casavetes y George Romero, Leonardo Favio y el grupo Farsa, qué sé yo… De todo, y todo me influencia, la verdad. Un autor que sigo de cerca últimamente es a Jacques Audiard, que propone un cine de anclaje popular pero con un alto nivel de reflexión y opinión sociocultural. Películas como Un Profeta, De óxido y hueso, o la última que estrenó Dheepan, me parecen interesantísimas y estimulantes.

Me encanta pensar que algunas personas, viendo una película mía, puedan emocionarse, entusiasmarse, vibrar, pensar, y que después eso se incorpore a su conciencia, y pase a formar parte de ese mundo que es esa persona
¿Puede ser que tu película, que entra dentro del género gore, busque indagar también el problema del machismo y la sociedad patriarcal?

Sí, de modo natural se desprenden esas lecturas temáticas de El eslabón podrido. No traen conclusiones ni bajadas de línea puntuales, pero sí que dejan picando esas temáticas como cuestiones irresueltas que provocan tragedia. De hecho en esta película lo que desequilibra a todo un pueblo es que una mujer decida no acostarse con un hombre, correrse del círculo producción-explotación. Es extraño, está motivada por algo que no se sabe si es una superstición, o un invento de su madre, pero algo la hace poner un límite, y ahí todo se descalabra.

También podemos pensar una cuestión política ante la siguiente situación de la película: al poder le sirven dos cuestiones, que los integrantes de una comunidad no se comuniquen de persona a persona, sino de condición a condición (por ejemplo ella es una puta, no es Roberta, que siente y piensa tal o cual cosa; él es un bobo, no es una persona preocupada por tal o cual cosa), porque eso hace que no hayan desvíos en la máquina productiva; y por otro lado están muy interesados en que los más marginales miembros de una comunidad se mantengan en la ignorancia, no accedan a la razón, porque eso les sirve para manipularlos de un modo más sencillo y pleno.

El problema es que si un representante de esa “lógica ignorante” reacciona, va a reaccionar según su lógica, no según la de los dueños de la torta, por lo que después no le pueden ir a reclamar que reaccionaron ilógicamente. Y lo que lleva a esas reacciones “ilógicas”, tantas veces lamentablemente destructivas, es el dolor, que los que mandan ni son consientes siquiera de estar propiciando.

En un contexto tan difícil como es hacer cine en general y en especial en Argentina, ¿qué te motiva a seguir filmando?

En primer lugar: peor es trabajar… Y luego del comentario insidioso (autoinsidioso), podría decir que desde mi más tierna edad, los mejores momentos de mi vida los pasé leyendo y mirando películas, por lo que de modo natural cuando tuve que decidir a qué dedicarme, me interesó ir por ese lado.

La idea de poder generar en otros lo que los libros y las películas me generaron a mí, esos niveles de estímulo, entusiasmo, pensamiento, goce, discusión, enemistad incluso, esas maneras de exponer cosmovisiones, de dar a conocer las profundidades del ser humano y los misterios de la historia…

Me encanta pensar que algunas personas, viendo una película mía, puedan emocionarse, entusiasmarse, vibrar, pensar, y que después eso se incorpore a su conciencia, y pase a formar parte de ese mundo que es esa persona… Qué se yo… lo de la guita va y viene, pero imaginar esa posibilidad me es muy emocionante. Me hace sentir que está bien esta, como decía Macedonio Fernández, extraña gratuidad de haber nacido.
Posteado: 27/Jun/2016 - 5:11 pm

JAVIER DIMENT: “DEL ANIMAL AL HOMBRE, EL ESLABÓN ESTÁ PODRIDO”
Ultracine - Publicado: 15/Jun/2016
Por: Carina Rodríguez
El director de “El eslabón podrido” habló con Ultracine sobre su última película que se estrena en salas argentinas el jueves 16 de junio.
“Pueblo chico, infierno grande”, reza el refrán. Nunca fue más cierto que en la historia de “El eslabón podrido”. Raulo es el “bobo” (Luis Ziembrowski), su madre Ercilia una curandera (Marilú Marini) y su hermana Roberta (Paula Brasca) la prostituta más joven y codiciada de un pequeño caserío rural. Una profecía mueve el relato: Ercilia advierte a Roberta que cuando se acueste con todos los hombres del pueblo, morirá. Es así como se abstiene de tener relaciones sexuales con Sicilio (el único hombre que aún no ha pagado por sus servicios) y esa decisión desencadenará una serie de hechos trágicos que pondrán en jaque esta sociedad.
“El eslabón podrido” es una alegoría salvaje, violenta y, a la vez, bella sobre el espíritu retorcido de la condición humana. Una interesante hipótesis sobre que sucede en una sociedad cuando se rompen las reglas establecidas. La respuesta es muy predecible: locura y muerte. Y no es ningún spoiler: es la escena inicial de la película. Pero lo más interesante será el camino que lleve a esa conclusión trágica: las desviaciones, las perversiones, el quiebre de todo aquello que un sistema moral postula como correcto o incorrecto.
Diment podría ser denominado un especialista en hacer perfiles podridos. En esta entrevista que nos concedió nos dice que le interesan “el dolor, el abuso, las dinámicas de la opresión, lo no dicho, que cuando aparece es algo, digamos, ruidoso, y alguna gente puede sentirlo como provocación”. El aborto y el abuso en “Beinase. El sentido del miedo”; el voyeurismo violento en “El propietario”; el secuestro, la tortura y la muerte en “Parapolicial Negro: Apuntes para una Prehistoria de la AAA”; los demonios externos e internos en “La memoria del muerto”; la fascinación por el cine políticamente incorrecto en “El sistema Gorevisión”; el retrato de una sociedad retorcida en “El eslabón podrido”; son todos elementos de la filmografía de Diment que apuntan a una misma obsesión presente en su última película. Aunque la mecha que enciende todo es la negativa de una prostituta a vender su cuerpo a un hombre, será sólo una excusa para hacer un relato truculento que postula que estamos corrompidos desde milenios antes de nuestra concepción. Algo salió mal en la evolución natural y desde entonces todo está podrido, nosotros estamos podridos.

En esta entrevista que nos concedió Javier Diment nos cuenta cómo surgió la historia de su última producción, su estilo provocador y sus próximos proyectos.
Ultracine: ¿Cómo surgió la historia? ¿A qué se refiere el título “El eslabón podrido”?
Javier Diment: La historia surgió en una charla con mi amigo Sebastián Cortés hace más de 10 años. Lo del nombre es curioso. Al principio se llamaba “Infierno Grande”. Pero a medida que la película crecía, se me distanciaba el título, me parecía medio lugar común, o que aludía directamente al terror más puro y duro, y la película no pintaba así. Entonces me puse a buscar títulos. Y me acordé de un corto mío, que filmé hace unos 30 años, y nunca terminé de editar porque era pésimo (todo era bueno, lo técnico, las actuaciones, pero estaba muy mal mi trabajo, no se contaba nunca nada, era un embole, no se entendía, casi renuncio al cine ahí). El título se lo puso un amigo mío, Mariano Fiszman, escritor, y cuando me lo sugirió me encantó. Y decidí que para esta película funcionaba muy bien, en términos de las alusiones que encerraba. A ese eslabón perdido entre los simios y los humanos, a la idea de si en realidad en vez de buscar el eslabón perdido atrás en el tiempo, no seríamos nosotros un eslabón que conduzca hacia otro estadio evolutivo, y en ese caso, viendo los horrores que la humanidad produce constantemente sobre sí misma, a la idea de que ese eslabón estaría podrido. Es decir: del animal al hombre, el eslabón estaría podrido. Y si el hombre es el eslabón, también lo está. Además está el asunto de que el eslabón perdido sería lo que separa a una animalidad sin cortex (ni siquiera sin cerebro, sin ese componente exclusivo del ser humano nomás), de una a la que le salió ese cachito extra; y el protagonista es un humano que carece de razón, por lo que él mismo podría ser un eslabón perdido, pero que, de tanto que lo usan y lo descuidan, termina pudriéndose. Mientras pensaba todas esas boludeces, y ya contento con tener un nuevo título, decidí que el motivo de la caída del cartelón en la primera escena sea ese, un eslabón podrido. Porque al margen de todo tipo de especulación, ver esas cosas en lo literal me funciona, me encaja, y para el que no tenga ganas de ponerse a pensar, ya tiene algo de lo que agarrarse.
Ultracine: ¿Estás de acuerdo con mi afirmación que es –principalmente- una historia de perversiones?
Javier Diment: La verdad, creo que no. Habría que ponerse a definir perversión. Pero como palabra suena como que señala desviaciones, y sobre todo lo que me interesa es no entrar al mundo de esta película y estos personajes juzgando. Todo lo interesante pasa atrás de lo que puede decirse perverso. Porque en realidad estamos hablando desde un mundo (el nuestro cotidiano), soberanamente perverso. Entonces el hecho de estar mostrando una sociedad donde están más explícitas las relaciones con lo no dicho, no implica un nivel de perversión mayor que el de una gran ciudad o una clase media donde todo eso está mal visto. Concretamente hablamos de gente que ama como puede, y de gente que trata de utilizar a los otros humanos para sus propios intereses. Y eso como síntesis podría definir cualquier barrio de cualquier ciudad así como cualquier aldea de cualquier época, incluso y sobre todo la famosa aldea global.
Más me parece interesante pensarla en términos políticos, por ejemplo. En cómo la gente que se sirve de que los más débiles no accedan a la razón para poder dominarlos, después no pueden andar esperando que las reacciones se remitan a esa misma razón que les están escondiendo. Explotan como pueden, y agarrate. Y esa explosión no tiene por qué ser lógica, ni positiva siquiera, ni para el débil ni para el fuerte. Es lo que es.

Ultracine: Siempre afirmaste que te gusta mezclar géneros ¿Cuáles definirías como los principales en “El eslabón…”?
Javier Diment: Es un cuento para adultos, una fábula, un drama rural, con rasgos de comedia negra, es gore, momentos de suspenso, ternura, con un cierto erotismo extrañado, melodrama trágico y también un thriller de venganza.
Ultracine: ¿Considerás que gran parte de tu cine es provocador y disrruptivo? ¿Es tu intención al filmar?
Javier Diment: Sí, soy consciente de que mis pelis provocan ese efecto. Y no es mi intención per se el andar provocando. Lo que pasa es que me interesan cuestiones tales como el dolor, el abuso, las dinámicas de la opresión, lo no dicho, que cuando aparece es algo, digamos, ruidoso, y alguna gente puede sentirlo como provocación. Pero la verdad es que lo que más me interesa se ubica atrás de eso, son los mecanismos por los que se manifiestan el amor, el miedo, la agresión, en medios más extremos, en los que todo queda más expuesto, pero no son diferentes de los cotidianos. Pero qué se yo, a mí no me resultan provocativas las mismas cosas que a otros, y esta película si bien la entiendo como intensa, no le resulta revulsiva a mis baremos.
Ultracine: ¿Cómo surgió la producción de la película? ¿Qué productoras intervinieron? ¿Se hizo con vía del INCAA?
Javier Diment: Es una segunda vía, producida por mí. No hay coproducción. La presenté al INCAA, la aceptaron, llamé gente para ocuparse de la producción propiamente dicha, y la hicimos.
Ultracine: ¿Cómo elegiste a los actores? ¿Cómo fue el trabajo con ellos?
Javier Diment: En Ziembrowski pensé desde el primer momento. Continuando sin querer con la primera pregunta, otro nombre que tuvo la película en algún momento fue “El bobo”. Y en todos estos años era muy común con Luis que delirásemos al respecto de El Bobo. A él le pedí el contacto con Marilú Marini. Se conocían y se caían bien pero nunca habían trabajado juntos. Eso me jugó muy a favor para que ella acepte. Ella es lo más, buscarla a ella para ese personaje era más que poner, no sé, a Meryl Streep, más que Mirtha Legrand mirá lo que te digo, jaja. Así que fue un flash que acepté. Le gustó el guión, le gustó laburar con Luis, aceptó, y la rompió. Es muy genial todo lo que hace, le da una dimensión a la película que le agradezco todo el tiempo; y encima tiene una onda y una generosidad increíbles… una recontra grosa. Después fui llamando gente conocida y talentosa, con la que pueda charlar y entenderme. No era un proyecto sencillo y necesitábamos una cierta empatía para poder ir todos en la misma dirección. Por suerte se armó un elenco excelente. Lo único que no conseguí en tiempo y forma fue un actor para el cura. Le ofrecía a uno, su representante me pidió una fortuna absolutamente imbécil, otros dos no podían porque estaban con laburo, se me venía el rodaje encima, y además estábamos mal de presupuesto, así que me puse yo para el cura. Ale Catalán (que me daba clases hace un par de años de teatro) y Macarena García Lenzi, dos directores tremendos, me dieron una mano para preparar un poco el personaje, un par de ensayos con cada uno, que me sirvieron para tener una base de la que agarrarme. Y Martín Blousson, el montajista (y coguionista, y asistente de dirección), me terminó de dirigir en post producción, cortando y dejando afuera la mayor parte de los momentos en que daba vergüenza ajena.
El trabajo con los actores fue de mucha conversación más que nada. Laburamos y todo, pero son todos muy grosos, por lo que fue más de charlas para sintonía fina, algunas improvisaciones y lecturas de guión, y después a disfrutar de ver a esos personajes tomar cuerpo, volumen y potencia.


Ultracine: ¿Dónde se filmó?
Javier Diment: En una estancia medio abandonada en Vicente Casares, cerca de Ezeiza. Hubiese querido hacerla en las sierras de Córdoba, pero no me dio el cuero. Así que inventamos un pueblo a partir de unas ruinas. Ahí Sandra Iurcovich, la directora de arte, hizo magia la verdad.
Ultracine: ¿Cuánto tiempo duró el proyecto: preproducción, rodaje y post producción? ¿Cómo fue el proceso?
Javier Diment: Fue, en términos de tiempos, bastante normal. 4 semanas de pre, 5 de rodaje, unos meses de post, no sabría decirte cuántos. Tuvo muchos vaivenes porque hubo una guita que estaba y finalmente no estuvo. La protagonista iba a ser una escocesa que vino a Buenos Aires y después de la primera semana de rodaje se rayó y se fue. Ahí entró Paula Brasca, que estaba para un personaje pequeño y de un día para el otro tuvo que saltar como una leona a hacer ese personaje tan complejo. Lo hizo espectacular y lo que en principio fue una noticia tremenda (que la otra actriz abandonase el rodaje), se convirtió en una bendición que mejoró muchísimo la película.
Ultracine: ¿Cuál fue tu mayor dificultad y tu mayor satisfacción al hacer la película?
Javier Diment: Por esas complicaciones de producción que te comentaba, las dificultades al principio fueron muchas. Surgen conflictos, algunos se resuelven bien. Te cruzás también con gente de mierda que aprovecha el bardo, pintan los amigos que ayudan a reordenar. Lo más difícil fue la última semana de pre y la primera de rodaje, que es donde saltaron todos los bardos. Pero una vez encaminados, ya fue buenísimo. Y la satisfacción es que estoy muy contento con la película. Me queda la sensación de haber aprendido montón haciéndola, de cine, de contar historias, de todo un poco… Y que finalmente, después de muchas vueltas, terminó quedando bastante cercana a la idea inicial que tenía.
Ultracine: ¿Qué diferencias encontraste en el trabajo respecto a tus películas anteriores?
Javier Diment: Estoy más grande, tengo un poco más de claridad en relación a qué quiero y qué no, estoy más conectado con la historia que quiero contar que con las pelotudeces mías, digamos, de la construcción de la identidad, que siempre se ponen un poco en juego. Me la tomé más en serio, por otro lado. Estoy más seguro entonces el trabajo es menos ansioso. Y a la vez me doy más bola en buscar lo que yo quiero, en dejarme llevar menos por el caos y lograr estar más centrado en el resultado. Ahora quiero seguir filmando mucho más, para seguir ese camino. Quedé cebado, miro mucho, leo mucho, trato de aprender… esas cosas…
Ultracine: ¿Cómo fue el recorrido por festivales? ¿Qué feedback tuviste de los críticos, los realizadores y el público?
Javier Diment: Fue buenísimo. Muchos festivales, unos cuantos premios, de público y de jurado, una muy buena respuesta en general. Y cuando digo buena respuesta hablo de variedad de respuestas, interpretaciones, reacciones… Veremos ahora cómo se la toma el público argentino.

Ultracine: ¿Cómo se planificó la distribución y la exhibición?
Javier Diment: El lanzamiento lo está organizando Daniel Botti, (que fue también uno de los productores ejecutivos, junto con Vanesa Pagani). Es un lanzamiento contenido, entre 7 y 10 salas sería la idea. La distribuye Aura y Cynthia Sabat está haciendo la prensa con muy buenos resultados. Daniel es el que se ocupa de guiar la movida. Estaríamos haciendo un canje por segundos de publicidad en canal 13 (no muchos y en horarios marginales, pero es lo que hay y esperemos que sume), publicidad en radios, siempre por canje, y armando una movidita que pueda dar un buen boca en boca, que yo a eso le tendría confianza, si no fuese que la peli seguro va a durar muy poco en las salas más convocantes. Pero bueno, iremos viendo. Como sea, el estreno en salas es una pata más de una película que aspira a ser vista a lo largo de los años, y no tanto por una masividad en lo inmediato. Y creo que esa conciencia también te ubica en relación a qué tipo de peli vas a hacer.
Ultracine: ¿Qué proyectos tenés para el futuro?
Javier Diment: Estoy produciendo una película para el año que viene. Se llama “Piedra, papel y tijera” y es una ópera prima de Macarena García Lenzi, una autora y directora de teatro muy genia. Es una adaptación de su propia obra, con Matías Marmorato, Agustina Cerviño y Valeria Giorceli, que está buenísima, un humor negro, un suspenso, y un nivel de penetración psicológica que explota. Y además presentando proyectos al INCAA. Haciendo carpetas, que es lo que más hace un realizador independiente…
“El eslabón podrido” se estrena el jueves 16 de junio, distribuida por Aura, en 9 salas: Village Caballito, Village Neuquén, Cinemark Puerto Madero, Cinemark Tortugas, Cinemark Santa Fe, Cine Gaumont, Showcase Córdoba, Hoyts Morón y Hoyts Quilmes.
Posteado: 27/Jun/2016 - 5:04 pm

“Necesito cortar con la solemnidad”
Página 12 - Publicado: 14/Jun/2016
Por: Oscar Ranzani
El director de La memoria del muerto vuelve al género de terror para contar la historia de una familia aislada y endogámica. “Es una mezcla de drama rural, una fábula con tono gore y macabro, una combinación de géneros”, afirma Diment.
El director Valentín Javier Diment volvió a incursionar en el cine de género con El eslabón podrido, luego de su abordaje desde el terror que plasmó en La memoria del muerto (2012). Para el film que se estrenará el 16 de junio Diment tuvo en cuenta el relato de un amigo suyo, Sebastián Cortés, quien se había ido de vacaciones a un pueblito de Córdoba hace una década aproximadamente. “Cuando volvió nos juntamos. Me contó que era un pueblito de veinte casitas sueltas, con una onda medio siniestra y gente rara. En esa charla empezó a surgir la idea”, reconoce el cineasta en diálogo con Página/12.

El film está ambientado, efectivamente, en un pueblito aislado de unas pocas casas, donde vive Raulo (Luis Ziembrowski), leñador, retrasado mental, de unos 50 años. Su madre es Ercilia (Marilú Marini), una curandera que está senil; y su hermana es Roberta (Paula Brasca), la prostituta joven y favorita del pueblo. Ellos se cuidan y se quieren incondicionalmente. Pero ante la sensación que tiene Ercilia de proximidad de su muerte, le insiste a Roberta con una amenaza: si llega a tener relaciones con todos los hombres del pueblo, el pueblo la desechará, la descartará, y ella morirá. Solo queda un hombre en el pueblo con quien no estuvo: Sicilio (Germán de Silva), el marido de la otra prostituta, que está enamoradísimo de ella. Si su esposa se entera que estuvo con ella no dudaría en asesinarlo.

–¿Quiso narrar una suerte de cuento tan extraño como macabro?

–Sí, básicamente es una mezcla de drama rural, una fábula con tono gore y macabro. Es una combinación de géneros.

–¿Cómo definiría el terror que tiene la película, alejado del más clásico?

–Hay algo que me interesaba mucho: que la información se fuera desprendiendo de la intimidad de los personajes y no construir en función de la información. Todo el tiempo hay una intención de entrar en estas vidas. No quería que la estructura pesara más que la vitalidad de los personajes.

–¿Y el humor negro forma parte del género o es un elemento que incorporó para hacer un poco más digerible lo desagradable?

–El humor forma parte de mí. No puedo correrme de ahí. Me aburro. Necesito cortar la solemnidad de ciertos momentos. Hay gente que clasifica a la película como una comedia negra. Yo creo que no lo es. Si tengo que pasar una noche en un velatorio no es una noche de comedia ni alegre. Ahora, varias veces me voy a cagar de risa, voy a meter chistes y a relacionarme con gente que cuente chistes porque no me interesa mucho lo solemne. Eso no la va a convertir en una noche alegre, va a seguir siendo una noche de mierda, pero el humor es algo natural.

–¿Cómo trabajó con los actores la construcción psicológica de los personajes?

–Conversando mucho sobre todo con Marilú Marini y Luis Ziembrowski, tiramos algunas referencias. Por ejemplo, trabajamos con algunas referencias de Freud de Totem y Tabú, como el tema de lo endogámico y en el esquema casi ritual o sagrado que tiene esa familia, ese matriarcado tan particular. También trabajamos con algunas ideas de Lévi-Strauss de Las estructuras elementales del parentesco. Como eran materiales que a los tres nos gustaban, nos sirvieron mucho para ir haciendo un ping-pong. Y con Paula Brasca laburamos más desde una cosa sensorial y emotiva. Fuimos viendo que se apoyara más en la construcción que tenían los otros dos personajes. Tratamos de lograr el devenir a través de los estados más que desde la construcción psicológica.

–¿Ese “eslabón podrido” del título se puede relacionar con la decadencia de cierto mundo rural argentino?

–Si bien la película es bastante idiosincrásica y muy argentina, tiende a algo más de lo humano. Tiene una doble alusión la frase “El eslabón podrido”. Una es que hay un eslabón perdido entre el animal y el humano y lo que estamos diciendo es que más que perdido, podría estar podrido. Ese eslabón perdido entre el animal y el humano, por decirlo groseramente, podría ser el personaje de Luis, que es un humano pero carece del ejercicio de la razón. En general, hay unos intereses socioculturales en que ese ejercicio de la razón no aparezca porque básicamente permite la explotación.

–¿Era más fácil un universo rural para narrar el aislamiento de esta familia?

–Sí, me interesaba además porque las comunidades rurales aisladas tienen unas lógicas que están corridas de las lógicas bien vistas a nivel masivo. En las comunidades rurales más aisladas no se juzga tanto el incesto. Es mucho más cotidiano que en las grandes ciudades. Hay relaciones incestuosas en familias en que el padre tiene una hija de 15 o 16 años y que están aislados del mundo y se pasan el invierno de nevadas sin poder salir al campo. Esto lo vi bastante viajando por la Argentina. La ley es otra cosa y se toma por mano propia ya que si hay que contactar a un policía, que venga y que haga algo, mientras tanto le afanaron todo o le mataron a la familia. La construcción de la ley interna de la familia, de la ley anti-incesto me interesaba mucho.

–A esta altura ya es un especialista del cine de género. ¿A qué atribuye el renacimiento del género fantástico y de terror en la Argentina?

–Hay un renacimiento. No hay ninguna duda de eso. En realidad, viene desde que hubo un montón de pibes por los años 2000, como los de Farsa, los de Paura Flics y gente como Daniel de la Vega, Fabián Forte y Nicanor Loreti. Hay un montón de gente que venía laburando en esto de modo marginal desde hace un par de décadas. Y de diez años a esta parte les empezaron a dar un poco más de bola en el Instituto Nacional de Cine. Hay un gran auge porque, además, empieza a haber un interés del público de ver una película que le esté contando un cuento, una historia que lo pueda atrapar, distraer y secuestrar su atención, y no estar viendo como unos retratos casi disléxicos de lo real.

–¿Y cómo observa el campo de negocios en relación a este tipo de películas a partir de la implementación de la sección Blood Window entre el Incaa y el Marché du Film del Festival de Cannes, de las anteriores gestiones?

–Eso es buenísimo. Además de los festivales más altos como Cannes, Berlín y Venecia, cada país tiene los suyos que, en el caso de la Argentina, son el Bafici y el de Mar del Plata. Pero además hay otra línea: los festivales de cine de género, que están en un auge espectacular. Todos los países tienen por lo menos uno o dos festivales de cine género y donde empieza a haber un interés de la industria. Son otros valores, más chicos, los que se juegan, pero hay un montón de interesados en comprar películas de cine de género porque empieza a haber un mercado en todo el mundo para el DVD y para la televisión paga que requiere de esos materiales. Y Blood Window es genial porque logra estimular y ayudar a que los directores argentinos que hacemos cine de género podamos acceder a esos circuitos. Mi película participó en el Marché du Film del Festival de Cannes del año pasado y gracias a eso tuvo una gran visibilidad. Por lo tanto, cuando la empecé a mandar a los festivales ya todos tenían la foto. Y ahí también pude conversar con distribuidores y agentes de venta. La vieron de otros festivales y luego me invitaron. Fue buenísimo.
Posteado: 27/Jun/2016 - 5:00 pm